Perdón es una pieza que hace del límite su materia: el de la creación artística, el del cuerpo que baila, el de la libertad del intérprete y su vínculo con el público, el de la incomodidad, hasta el punto en que lo bello se vuelve grotesco o pura vulnerabilidad. Sin victimismos ni moralismos, sin prejuicios sobre el bien, el mal, lo bello o lo aburrido, la pieza se entrega sin filtros para mostrar que se puede bailar desde el humor y la imperfección, sin certezas ni respuestas fáciles.
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